Cruzo los dedos

 




No quisiera ir terminando el nefasto 2020 con negatividad, aunque ya esta primera negación es una negativa en toda regla. 

Este año he pensado demasiado en la muerte (o en la vida, según se mire). 
Tengo mucho miedo y no es a morir, que sé que es algo que viene de serie al nacer, es miedo a la enfermedad sea del tipo que sea.  Es miedo a incidir en la vida de mis seres más queridos con preocupaciones que vengan de mí.

Procedo de una educación nacional-católica con todo lo que eso conlleva, ya se sabe: lo del valle de lágrimas, sufrimiento para redimirnos, sacrificios para ser más queridos... etc. Ahora en esta tercera juventud pienso en todo lo que me he perdido por no haber descartado todas esas ideas a tiempo. 

Se supone que al final de año se hacen propósitos para el siguiente, yo lo único que deseo es SALUD y si el ciclo vital me corta el rollo que sea lo menos lesivo para los míos. 

¡Así es la vida!

Para ti, que lees esto, espero que se cumplan tus deseos.



¿Guerra mundial?

 



Al volver a escribir en el blog me propuse no tener que hacerlo sobre la pandemia que nos asola a todos, ya bastante se habla, se escribe y se comenta de ella.

Sólo he tardado unos días en cancelar mi propuesta, será que nos ocupa tanto nuestra vida esta maldita epidemia, que no podemos escapar de sus tentáculos. 

Escucho cosas que me dejan asombrada. 

Pienso que con toda la buena información que hay a nadie se le va a ocurrir pensar en las falsedades tan evidentes que salen de la mente vacía de algunos. Pero no, parece que estamos más predispuestos a hacer caso de una tertuliana, que su única preparación científica ha sido tener una hija de un torero, que a lo que pueda aportar una científica que sabe de lo que está hablando.

Oigo decir "que los bares están como están por culpa de las medidas que ha tomado el gobierno..." No que es culpa de un virus suelto haciendo de las suyas y que no tiene hora de irse de este planeta, de momento. 

El diputado alemán ultraderechista y negacionista del virus Thomas Seitz se negó a ponerse mascarilla y ahora está ingresado en un hospital contagiado de Covid 

Otra de las lindezas oída por ahí es que no creen que haya de verdad un virus tan dañino como dicen... Vaya que si estuvieran cayendo bombas porque hubiera una guerra, éstos dirían que ellos salen a la calle porque no creen en las bombas...

Para terminar, están los que creen, por ellos mismos que no es que se lo haya dicho nadie, que las vacunas son malas y que poco menos nos van a convertir en zombis porque nos inyectaran un chip (¡!) 

Ahora con lo de las fiestas navideñas, estamos aviados con los que quieren abrazar, besar y achuchar a todo el mundo, cuando el año pasado, sin ir más lejos, no querían tanta hipocresía y deseaban que pasaran pronto las fechas señaladas. 

A mí me dicen que parece que no soy española por lo despegada que soy. Y también algunos otros adjetivos entre los que se encuentran alarmista, miedosa, etc, etc.

Deseo que no tengamos que lamentar muchos contagios y muertes y que todo lo que estamos pasando sea solamente una pesadilla horrorosa.




Me atrevo a dar mi opinión sobre un libro

 



Tenía muchas ganas de leer el último libro de Juan Gómez-Jurado: "Rey Blanco", en el que continúan las aventuras de Jon Gutiérrez y Antonia Scott. Así que en cuanto pude me hice con él.

Después de leer "Reina Roja" y "Loba Negra" esperaba algo con más sustancia, con algo distinto a lo que iba leyendo. Ha tenido momentos de cuento infantil, otros momentos de fantasía poco inteligente y al final me ha dejado con mal sabor de boca.

J. Gómez-Jurado, escribe muy bien, sabe manejar las palabras con una facilidad imposible, pero no sé yo si en "Rey Blanco" ha querido hacer una especie de pirueta circense y no le ha acabado de salir bien o por lo menos, no para mi gusto; o igual es que yo tenía las expectativas muy altas. 

Seguiré siendo fan de sus novelas, eso es indudable.

De todos modos, como es una opinión personal, recomiendo su lectura porque siempre es una experiencia enriquecedora.



Adicta y enviciada

                           Detestable, ruin guerra (Antonio Garrido Domínguez)


Para mí la lectura es algo que forma parte de mi vida desde que aprendí a juntar las letras y las palabras.

En casa de mis abuelos paternos había una librería hecha en la propia herrería familiar y que se llenaba poco a poco con los pequeños libros de la colección básica de Salvat

 Los interminables fascículos de la enciclopedia Monitor que acababan siendo tochos enormes, algún que otro libro con letras doradas, algunas guías de viajes y ofertas de cruceros -que yo me pregunto ahora para qué tendrían mis abuelos aquello de viajar si lo más lejos que habían llegado era a la capital de la provincia- ;  pues eso y el tebeo que podía comprar con mi escasa paga semanal, eran las fuentes de mi evasión mental en mi infancia y adolescencia.

Una cosa sí que era de obligado cumplimiento, no podía sacar los libros de aquella salita en la que estaban esos tesoros. Me pasaba tardes enteras en la mecedora de mimbre viajando con la imaginación a todos aquellos lugares que jamás pensaba podría yo ir.

Después en mi adolescencia nos hicimos socios del "Círculo de Lectores" Aquello ya fue el acabose, mi querida madre tenía que despegarme del sofá de escay para que hiciera las faenas de casa.

Hoy, estando ya jubilada, sigo teniendo ese mismo vicio tan agradable y que me ayudó en los momentos difíciles.

Leo en ebook y menos mal, si no me tendría que ir de casa y dormir en la caseta del perro.


 

Para una vez que salgo, me pillan.




Google Maps cada mes envía la actividad que hemos tenido por esos mundos de dios; conmigo tiene que estar aburridísimo el robot que la hace, desde Marzo de este año, sólo me envía una situación: mi casa y cercanías.

En alguna ocasión he ido con mi compañero de vida a la gasolinera o alguna vez al pueblo de al lado a un supermercado gigante para desentumecer mis vicios consumistas.  

Hace unos días, ya estando "perimetrados" decidimos ir al pueblo a pagar el recibo del agua. Yo no había estado en Chipiona desde Febrero y nada más salir de casa, a los dos o tres minutos, nos paró una pareja de la benemérita: ¡Que a dónde íbamos! Me entraron ganas de decirles algo de broma, pero sabiendo que su trabajo no está bien pagado ni considerado, me callé lo que pensaba. 

Nada, un ratito para mirar los DNI por el cristal, apuntarlos en una libreta y -¡pueden ustedes continuar!- ¡Lo serios que estaban los dos!

Luego, comentando con amigos, algunos me contaban que habían ido de una provincia a otra (con permiso, por supuesto) y no se habían encontrado con ningún control de carreteras. Así que a estos dos jubilados nos verían caras de propagadores del virus o de delincuentes habituales, digo yo. O simplemente nos tocó. Que también nos podía tocar la lotería para variar, jo...lines.

Soy una incansable



 En Cádiz, en lugar de incansable, me llamarían "jartible" que viene a ser lo mismo pero en lenguaje puro gaditano. Soy "jartible" porque no me "jarto=harto" de querer escribir en un blog las cosas que me pasan por la cabeza. 

Ya tuve algunos blogs anteriormente con la misma temática, o sea, ninguna en concreto, sólo escribir de aquello que me viniera a la mente en el momento de sentarme delante del ordenador. Al final me cansaba de tener que cumplir con todo el protocolo que conlleva hacer una entrada de vez en cuando; entiéndase leer los comentarios, contestar, visitar los sitios de los que me leían, etc. etc. etc. 

Ahora con 67 años empiezo éste, con el mismo nombre que el primero que tuve: "La Buenamaría". Esto es como los nombres de las mascostas, al final acabas poniendo a la última el nombre de la primera.

No sé si va a durar hasta que me vaya de esta vida o mañana acabaré eliminándolo, pero hoy ya he echado el ratito aquí contigo que has llegado a leerme ¡cosa que dudo que ocurra! Pues hay tantos blogs, páginas y demás sitios buenos para leer, que es casi imposible que alguien se interese por el mío.