Mejor que en casa, en cualquier bar



La mayoría de la gente quiere tener una pareja estable, casarse, pedir una hipoteca para comprar una casa, tener buenos muebles, los últimos electrodomésticos para hacer cómoda la vida en casa y al mismo tiempo disfrutar en ella. 
La gente quiere darse un fiestón con amigos, socializar, salir de la casa y quedarse la madrugada entera por ahí...
Hay gente que ha llorado por no soportar estar ni un día más sin ir a un bar o a un restaurante a comer o a beber. 
Son éstos los mismos que tienen su casa - hipotecada o no -  con todas las comodidades en las cocinas y que apenas si usan porque mejor pedir comida para llevar... tienen frigoríficos que te dan hasta el pronóstico del tiempo y que por dentro parecen un descampado poligonero de vacíos que están.
Pienso yo en la incongruencia de querer estar apretujados en la calle, hacer colas bastante tiempo, sentarse en una silla de plástico de propaganda y allá en sus casas, que están tan bien preparadas, lo único que se mueve es el robot de limpiar un suelo que apenas si pisan los dueños...
Pues nada, a seguir sin saber qué es lo que queremos.
¡Así nos va! 

De fantasmas y otras hierbas

 

Según el diccionario de la R.A.E. en su significado número 5 "Fantasma" es una persona envanecida y presuntuosa. 

Para mí son también esos tipos que van de sobrados, sabiondos y metomentodos, que se equivocan más que una tonta haciendo calceta;  son esos tipos que hablan de todo sin saber de nada -el típico "Maestro liendre, que de nada sabe y de todo entiende"- el que no estuvo en el viaje a la luna porque no le avisaron con tiempo...

Parecen que no han roto un plato en su vida.

Estos fantasmas conocidos son los que pueden hundir a una persona con sus charlas y opiniones, vamos que dejan en mantilla a los "influencers" Además que como hay tanto tontaina suelto, les hacen caso y así les va en la vida. 

De esos fantasmas estoy hasta el último pelo. 

De estos fantasmas, no:

 



Nueva por dentro, vieja por fuera

 

No pensé yo que al llegar a esta etapa de mi vida me iba a costar tanto trabajo asumir ciertas debilidades propias de la edad. 

Sigo pensando que tengo fuerza y agilidad como hace unas décadas y es tropezando y cayéndome como me planta cara la realidad, "ya no estás para estos trotes María"  me digo a mí misma de vez en cuando. Lo de sopita y pan tierno es lo que me corresponde ahora pero no quiero dar mi brazo a torcer, acabo subiendo y bajando escaleras que no debería y poniendo el listón tan alto que casi no lo veo ya.

Menos mal que tengo las plantas, que me han fascinado siempre y que me entretienen sin mucho esfuerzo, mi perro, que me cuida y mi amado compañero que me vigila atentamente y no por nombrarlo en último lugar es el menos apreciado, que si no fuera por él no estaría ya en este mundo cruel...lo digo en sentido literal. 

Creo que es la primavera que llama a la puerta con su luz y sus olores suaves y atrayentes los que hacen que esté más optimista que hace unas semanas. 

¡Ojalá pueda seguir otro año dando la lata aunque sea en confinamiento voluntario!

PARA NO LEER

 



Empiezo a escribir esta entrada con las ganas bajo mínimos. 

Cuando voy conociendo los nombres de los que están muriendo por la epidemia y además son de personas cercanas, es cuando paso de tratar de normalizar todo esta mierda a desesperar por no ver luz al final de esta gran cloaca en la que estamos todos metidos, creamos o no en la redondez de la tierra.

Dicho lo cual, reconozco que me creía más débil de lo que estoy demostrando ser en estas circunstancias. Sé que en momentos extremos he sacado a la valiente que hay en mí y por eso no decaigo en abatimientos inútiles. 

Desde que retomé mi querido blog me hice el firme propósito de no escribir sobre el virus que nos acecha, pero es que, aunque lo intento, las charlas, noticias, etc, no dejan de poner en la palestra el "temita" 

Hablan de fatiga por el confinamiento, sobre todo en las personas mayores como yo. No sé si será eso o simplemente que se cansa una de no salir a ver a los amigos y familiares, hacer alguna que otra fiestecilla para celebrar que estamos vivos y aquellas cosas que nos hacían alegrarnos aunque sólo fuera momentáneamente.

La indignación de ver a los descerebrados en todos los países pasándose por el arco del triunfo las medidas preventivas y negando la evidencia, hace que la atención que le presto a los medios es cada vez menor. No me alegra nada que tal o cual negacionista caiga enfermo o muera por Covid  ¡todo lo contrario! siento pena de que su inconsciencia los haya llevado ahí.

Ya no me subo a los púlpitos virtuales a predicar prudencia y paciencia, ya me da exactamente igual lo que haga cada uno con su vida. Lo que sí sé es que  ya estoy un poco harta y deseando despertar de este maldito sueño.

Miedo y tristeza a partes iguales


Por mi edad y la de Manuel, estamos semiconfinados voluntariamente casi desde Marzo del 2020. 

Lo de "semi" viene a ser por alguna que otra salida imposible de eludir, como tirar la basura -que nos pilla lejos- o alguna gestión/compra que no se pueda hacer online.

Me gusta estar en las redes sociales Twitter e Instagram para enterarme de lo que dan de sí las mentes de mis congéneres. Lo de Facebook es para otro capítulo aparte. Hasta eso me está quitando esta maldita pandemia que nos asola desde hace un año. 

Ganas me entran de cerrar las cuentas de estas redes debido a la cantidad de odio, intransigencia, radicalidad y otras leches que encuentro en ellas. Sanitarios desesperados a los que nadie le hacen caso, políticos -que los hay- tratando de hacer lo mejor posible su cometido a los que atacan ferozmente, "expertos" tertulianos apostados en negar las evidencias...etc, etc.

En resumen mucha violencia.

Luego están las cifras que dan los verdaderos expertos en recopilar datos sobre el virus que son espantosas y que al parecer sólo me asustan a mí. Porque son cifras para entrar en pánico no para entrar en tickentradas a comprar pases para conciertos de cinco mil personas. 

Sé de sobra que no se debe vivir con tanto miedo y tanta tristeza pero es lo que siento en estos momentos tan horrorosos para el planeta.

Disculpa esta hemorragia de desesperación, no volverá a ocurrir. 


 

Cruzo los dedos

 




No quisiera ir terminando el nefasto 2020 con negatividad, aunque ya esta primera negación es una negativa en toda regla. 

Este año he pensado demasiado en la muerte (o en la vida, según se mire). 
Tengo mucho miedo y no es a morir, que sé que es algo que viene de serie al nacer, es miedo a la enfermedad sea del tipo que sea.  Es miedo a incidir en la vida de mis seres más queridos con preocupaciones que vengan de mí.

Procedo de una educación nacional-católica con todo lo que eso conlleva, ya se sabe: lo del valle de lágrimas, sufrimiento para redimirnos, sacrificios para ser más queridos... etc. Ahora en esta tercera juventud pienso en todo lo que me he perdido por no haber descartado todas esas ideas a tiempo. 

Se supone que al final de año se hacen propósitos para el siguiente, yo lo único que deseo es SALUD y si el ciclo vital me corta el rollo que sea lo menos lesivo para los míos. 

¡Así es la vida!

Para ti, que lees esto, espero que se cumplan tus deseos.



¿Guerra mundial?

 



Al volver a escribir en el blog me propuse no tener que hacerlo sobre la pandemia que nos asola a todos, ya bastante se habla, se escribe y se comenta de ella.

Sólo he tardado unos días en cancelar mi propuesta, será que nos ocupa tanto nuestra vida esta maldita epidemia, que no podemos escapar de sus tentáculos. 

Escucho cosas que me dejan asombrada. 

Pienso que con toda la buena información que hay a nadie se le va a ocurrir pensar en las falsedades tan evidentes que salen de la mente vacía de algunos. Pero no, parece que estamos más predispuestos a hacer caso de una tertuliana, que su única preparación científica ha sido tener una hija de un torero, que a lo que pueda aportar una científica que sabe de lo que está hablando.

Oigo decir "que los bares están como están por culpa de las medidas que ha tomado el gobierno..." No que es culpa de un virus suelto haciendo de las suyas y que no tiene hora de irse de este planeta, de momento. 

El diputado alemán ultraderechista y negacionista del virus Thomas Seitz se negó a ponerse mascarilla y ahora está ingresado en un hospital contagiado de Covid 

Otra de las lindezas oída por ahí es que no creen que haya de verdad un virus tan dañino como dicen... Vaya que si estuvieran cayendo bombas porque hubiera una guerra, éstos dirían que ellos salen a la calle porque no creen en las bombas...

Para terminar, están los que creen, por ellos mismos que no es que se lo haya dicho nadie, que las vacunas son malas y que poco menos nos van a convertir en zombis porque nos inyectaran un chip (¡!) 

Ahora con lo de las fiestas navideñas, estamos aviados con los que quieren abrazar, besar y achuchar a todo el mundo, cuando el año pasado, sin ir más lejos, no querían tanta hipocresía y deseaban que pasaran pronto las fechas señaladas. 

A mí me dicen que parece que no soy española por lo despegada que soy. Y también algunos otros adjetivos entre los que se encuentran alarmista, miedosa, etc, etc.

Deseo que no tengamos que lamentar muchos contagios y muertes y que todo lo que estamos pasando sea solamente una pesadilla horrorosa.